El jueves pasado el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en el Parlamento Alemán. Lejos de ser un discurso cargado de reclamos, el Papa lo que hizo fue reflexionar sobre los fundamentos del Estado de Derecho Liberal, relanzando el valor de la política y de los criterios que se deben tener a la hora de legislar.
Comienza sus reflexiones citando un pasaje bíblico en el cual el Señor concede avanzar con un pedido al joven Rey Salomón con motivo de su coronación. El Señor le dice: “Pide lo que quieras que yo te lo daré”. El joven rey no pidió éxito, no pidió cargos para sus amigos, para sus correligionarios…El joven Rey Salomón respondió al Señor diciendo: “Da, pues, a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo…”
Se aproxima un año netamente político en el Paraguay; en todos los rincones del país, los líderes discuten qué espacio de poder tendrán, a quién apoyarán. Me parece verdaderamente oportuno este discurso del Papa, también para nosotros los laicos, porque… ¿a quién elegiremos? O mejor dicho ¿Qué criterio utilizaremos al votar?
El Paraguay, en este momento en el cual el relativismo en el mundo utiliza toda su fuerza para dominarlo, necesita de hombres que pidan humildemente “tener un corazón dócil…” Nuestros políticos deben ser, como justamente dice el Papa, políticos que sirvan al derecho y combatan la injusticia. Políticos que no solamente utilicen el criterio de la mayoría para legislar, sino que sean capaces de proponer un camino para construir un país más justo para todos.
El Papa Benedicto XVI lanzó un gran desafío a los parlamentarios alemanes, y quisiera trasladar también este desafío a nuestros políticos. Si el Señor les concediera avanzar con un pedido ¿Qué pedirían? En última instancia como dice el Papa si son verdaderos hombres desearían también un corazón dócil.
Sugiero la lectura de este discurso a políticos y no políticos, de manera que todos podamos ser ayudados a entender que significa hacer política.
Juan Acosta