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diciembre 7, 2011
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octubre 26, 2011
A despecho de las descontadas correspondencias sobre Iglesia y pedofilia, la primera jornada del viaje papal a Alemania, se concluyó el jueves por la noche con una Santa Misa, con la presencia de una enorme multitud en el Olimpiastadion de Berlín. Allí el Papa hizo una homilía de fuertes acentos, apasionados, vibrantes. Comentando el texto evangélico en el cual Jesús se compara con la vid y a sus amigos como los sarmientos, el Papa de hecho mandó al remitente las polémicas y las reivindicaciones anti-romanas que lo habían precedido en los diversos medios de comunicación, cosa ocurrida en los días anteriores a la llegada de Benedicto XVI a su querida patria: Alemania.
“Algunos miran a la Iglesia quedándose sólo en su aspecto exterior. Entonces la Iglesia, aparece como una de las tantas organizaciones en una sociedad democrática, con sus normas y leyes, a través de las cuales, debe ser juzgada y tratada también una figura, tan difícil de comprender como lo es la Iglesia”. Si después se suma la experiencia dolorosa que en la Iglesia hay peces buenos y malos, grano y cizaña, y si la mirada se queda fija sobre las cosas negativas, entonces no se desvela el misterio grande y bello de la Iglesia. Por lo tanto, no surge más ninguna alegría por el hecho de pertenecer a esta vid que es la “Iglesia” ¡Insatisfacción y descontento comienzan a difundirse, si no se ven realizadas la propias ideas superficiales y erróneas de “Iglesia” y los propios “sueños de Iglesia”! Entonces cesa también el alegre canto: “Estoy agradecido al Señor, que por gracia me ha llamado a su Iglesia”, que generaciones de católicos han cantado con convicción.
En el horizonte de Benedicto se perfilan las convulsiones del cristianismo alemán. Que las crónicas de la vigilia han fotografiado (también con discreta precisión) en términos de división, abulia, puesto en un ángulo por un discurso público que todo reprocha a la Iglesia y pretende reducir todo a un estereotipo democrático. Pero la Iglesia se la querría a imagen y semejanza de un ente de la ONU, paralizada y afásica, como a veces pareciera ser, bajo el chantaje político- ideológico de los presuntos “puros” que atribuyen al primado petrino una especie de copyright de todo lo que en mundo no funciona, Benedicto XVI responde con una simplicidad cristalina: “En definitiva es Jesús a quien quieren golpear, los perseguidores de la su Iglesia”
Según Benedicto XVI, el cristianismo no está definido por una agenda de valores sobre el cual se determina un cierto consentimiento. El cristianismo no se funda sobre ciertas opiniones, ideas, morales, aun cuando éstas sean expresadas por aquellos que se dicen cristianos. Cristianismo es pertenecer a Cristo, en “sentido biológico” e histórico. Jesús no dice:”Ustedes son la vid, sino: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos” (Jn 15-5).Esto significa: “¡Así como los sarmientos están unidos a la vid, así ustedes me pertenecen!”. Pero perteneciendo a mí, se pertenecen también unos a otros”. Y este pertenecerse unos a otros y a Él no es una relación ideal cualquiera, imaginaria, simbólica, sino- quisiera casi decir- un pertenecer a Jesucristo en sentido biológico, plenamente vital. Es la Iglesia, esta comunidad de vida con Jesucristo y del uno para el otro, que se fundamenta en el Bautismo y profundizada cada vez más en la Eucaristía. “Yo soy la vid verdadera”; pero ésto en realidad significa: “Yo soy vosotros y vosotros soy Yo”- una inaudita identificación del Señor con nosotros, con su Iglesia”.
Humilde y vehemente, el Papa Benedicto continua indicando qué es la justicia cristiana, lo opuesto de toda medida o moralismo: “Dios quiere quitar de nuestro pecho el corazón muerto, de piedra, y darnos un corazón viviente, de carne” (Cfr. Ez.36, 26)… Cristo vino a llamar a los pecadores. Son ellos los que necesitan del médico, no los sanos”. Ninguna palabra o comentario que se refiriesen a las provocativas pretensiones de asociaciones como “Nosotros somos Iglesia”, que insisten en solicitar al sucesor de Pedro el reconocimiento de las uniones gay, matrimonio para los sacerdotes, ordenación para las mujeres y bendición a los contraceptivos.
El Papa insiste: “Permanezcan en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no pude producir fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, tampoco vosotros si no permanecéis en mí,…porque sin mí se podría traducir también como fuera de mí- no podéis hacer nada”. Hay por lo tanto, una decisión que tomar, con Cristo y la Iglesia o con la ruidosa petulancia del conformismo mundano. “Cada uno de nosotros está puesto frente a esta decisión. Lo importante es que “permanezcamos” en la vid, en Cristo… En nuestro tiempo donde priman la inquietud y el relativismo , en el cual tanta gente pierde la orientación y el sostén; en el cual la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad se convirtieron en algo tan frágil y de tan breve duración; tiempo en el que queremos gritar, en nuestra necesidad, como los discípulos de Emaús: “Señor, quédate con nosotros, porque ya obscurece”.(Cfr. Lc.24,29), sí,¡ hay una total obscuridad a nuestro alrededor!; en este tiempo el Señor resucitado nos ofrece un refugio, un lugar de luz, de esperanza y de confianza, de paz y de seguridad. Adonde la sequía y la muerte amenazan a los sarmientos, alá en Cristo está el futuro, la vida y la alegría, allá hay siempre perdón y un nuevo inicio y transformación, entrando en su amor”. He aquí delineado y marcado el camino para atravesar cualquier tempestad: “Permaneced en Cristo significa, permanecer también en la Iglesia”. La entera comunidad de los creyentes está fuertemente aferrada a Cristo, la vid. En Cristo todos estamos unidos, juntos. En esta comunidad El nos sustenta y sostiene y al mismo tiempo, todos los miembros se sostienen entre sí. Juntos resistimos a las tempestades y nos ofrecemos protección unos a otros. Nosotros no creemos solos, creemos con toda la Iglesia, de cada lugar y de cada tiempo, con la Iglesia que está en el cielo y en la tierra. (…) Con la Iglesia y en la Iglesia, podemos anunciar a todos los hombres, que Cristo es la fuente de la vida, que El está presente, que El es la gran realidad que buscamos y a la cual anhelamos. El se dona a sí mismo y nos dona a Dios, la felicidad, el amor. Quien cree en Cristo, tiene un futuro. Porque Dios no ama lo que es árido o está muerto, artificial, que al final hay que tirar, sino que ama lo que es fecundo y vivo, la vida en abundancia, y El nos da la vida en abundancia.
Luigi Amicone, Director de la revista italiana “Tempi”
octubre 26, 2011
“La renovación de la Iglesia sólo puede realizarse mediante la disponibilidad a la conversión y una fe renovada”
FRIBURGO, domingo 25 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI se despidió hoy por la tarde de su patria y de sus compatriotas con un discurso, ante las autoridades federales y locales, en el que subrayó su “confianza” en el futuro de la Iglesia en Alemania, después de lo que ha podido ver y oír en este viaje apostólico.
El Papa llegó al aeropuerto de Lahr tras participar en un encuentro con las “fuerzas vivas” de la Iglesia católica en Alemania, en el Koncerthaus de Friburgo. Allí recibió el último saludo del presidente federal, Christian Wulff, y de las autoridades civiles y religiosas alemanas.
En su despedida, el Papa dio las gracias a los presentes “por estos días espléndidos, por tantos encuentros personales y por las incontables muestras de atención y afecto con que me han colmado”.
Aseguró que los días transcurridos en su país han sido “conmovedores y ricos de acontecimientos”, y destacó los encuentros con los líderes de otras confesiones cristianas y de otras religiones, muy significativos por producirse “en el país de la Reforma”.Pero recordó que su visita “estaba dirigida en manera especial a los católicos”, y destacó que poder celebrar y rezar “particularmente en las zonas del País donde por decenios se ha intentado eliminar la religión de la vida de las gentes”, le permite “tener confianza en el futuro del cristianismo en Alemania”.
“Como en las visitas precedentes, aquí se ha podido experimentar que muchos dan testimonio de su fe y hacen visible su fuerza transformadora en el mundo de hoy”, subrayó.
También destacó la importancia de la vigilia celebrada ayer por la noche en Friburgo con los jóvenes, en la estela dejada por la “impresionante Jornada Mundial de la Juventud en Madrid”.
El Papa exhortó a los católicos alemanes “a seguir con fuerza y confianza el camino de la fe, que hace volver a las personas a las raíces, al núcleo esencial de la Buena Noticia de Cristo”.
“Surgirán pequeñas comunidades de creyentes, y ya existen, que con el propio entusiasmo difundan rayos de luz en la sociedad pluralista, suscitando en otros la inquietud de buscar la luz que da la vida en abundancia”, añadió.
Se despidió de sus compatriotas recordando el lema de su viaje que concluye con este acto: “donde Dios está presente, allí hay esperanza y allí se abren nuevas prospectivas y con frecuencia insospechadas, que van más allá del hoy y de las cosas efímeras”. “En este sentido acompaño, con el pensamiento y la oración, el camino de la Iglesia en Alemania”, concluyó.
Terminada la ceremonia, el Pontífice se dirigió con su séquito al avión papal, que le lleva de vuelta a Roma.
octubre 26, 2011
El jueves pasado el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en el Parlamento Alemán. Lejos de ser un discurso cargado de reclamos, el Papa lo que hizo fue reflexionar sobre los fundamentos del Estado de Derecho Liberal, relanzando el valor de la política y de los criterios que se deben tener a la hora de legislar.
Comienza sus reflexiones citando un pasaje bíblico en el cual el Señor concede avanzar con un pedido al joven Rey Salomón con motivo de su coronación. El Señor le dice: “Pide lo que quieras que yo te lo daré”. El joven rey no pidió éxito, no pidió cargos para sus amigos, para sus correligionarios…El joven Rey Salomón respondió al Señor diciendo: “Da, pues, a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo…”
Se aproxima un año netamente político en el Paraguay; en todos los rincones del país, los líderes discuten qué espacio de poder tendrán, a quién apoyarán. Me parece verdaderamente oportuno este discurso del Papa, también para nosotros los laicos, porque… ¿a quién elegiremos? O mejor dicho ¿Qué criterio utilizaremos al votar?
El Paraguay, en este momento en el cual el relativismo en el mundo utiliza toda su fuerza para dominarlo, necesita de hombres que pidan humildemente “tener un corazón dócil…” Nuestros políticos deben ser, como justamente dice el Papa, políticos que sirvan al derecho y combatan la injusticia. Políticos que no solamente utilicen el criterio de la mayoría para legislar, sino que sean capaces de proponer un camino para construir un país más justo para todos.
El Papa Benedicto XVI lanzó un gran desafío a los parlamentarios alemanes, y quisiera trasladar también este desafío a nuestros políticos. Si el Señor les concediera avanzar con un pedido ¿Qué pedirían? En última instancia como dice el Papa si son verdaderos hombres desearían también un corazón dócil.
Sugiero la lectura de este discurso a políticos y no políticos, de manera que todos podamos ser ayudados a entender que significa hacer política.
Juan Acosta
octubre 26, 2011
Era el 21 de septiembre, cuando por la mañana todo el mundo me felicitaba diciéndome “feliz día de la juventud”, “feliz día de la Primavera”. Y yo contestaba agradeciendo. Pero luego me quedé pensativo: “¿Pero hoy no es también la fiesta de San Mateo, y en la liturgia de este día no se nos cuenta su conversión?
Y entonces ¿Por qué nadie me lo recuerda o lo menciona?, pensando que todo lo que me saludaban eran “católico ité”.
¿No será eso también un signo de la crisis de la fe, en el mundo católico paraguayo? Porque es muy fácil caer en la gran tentación de juzgar la vida con los criterios del mundo. Es decir, reducir la primavera a algo muy bonito, porque es la estación que nos recuerda que todo vuelve a renacer, todo vuelve a la vida; y reducir la juventud a la etapa de la vida más bella y a nada más.
Pero ¿Qué es lo que permite a la vida de florecer? ¿Cómo hago para descubrir que la primavera es alegoría de la Resurrección de Cristo, donde a raíz de la victoria sobre la muerte, todas las cosas vuelven a reavivar, incluido la juventud?
Por eso, es sólo no olvidándonos de la fiesta de san Mateo que podemos entrar con certeza en el mundo de la juventud y de la eterna primavera. Porque la conversión de San Mateo documenta que lo que estaba perdido, Mateo era un publicano que como cobrador de impuesto, robaba a los pobres, volvió a reflorecer cuando un hombre, (Jesús) pasando por allí lo miró y le dijo: “Mateo hoy quiero venir a tu casa”. Y aquel publicano inmediatamente lo siguió e además invita otros publícanos a su casa.
La vida de Mateo volvió a brotar de nuevo, como la primavera, porque alguien lo amó. Y así es la juventud. La vida es la posibilidad que se realice el sueño, el ideal, de la juventud. Pero sin encontrar lo que encontró Mateo, el sueño de la juventud queda utopía que el tiempo destruye y vuelve cínico y desesperado el corazón de cualquier hombre.
Sólo la Iglesia nos recuerda lo que vale y el valor último de lo que nos gusta como la juventud o la primavera; pero atención, el poder es tan fuerte y presente que nos hace olvidar de la fiesta de San Mateo. Porque ni la juventud, ni la primavera tienen la fuerza de dar la felicidad al corazón del hombre, como me escribió una chica el mismo día: “Feliz día de la primavera Padre, le pido disculpa para no ir a verlo, es que estoy mal, muy mal, y solo Dios sabe el por qué”.
Por eso, sólo si es claro él porque tenemos que festejar el día de la juventud, o el día de la primavera, puedo por gracia experimentar el inicio de la alegría, de lo contrario es solo un perder tiempo, y el poder del comercio y de la moda se adueñarán de algo que el corazón desea, y yo volveré la acostumbrada tristeza.
¿Y qué desea el corazón? Que en la vida se pueda realizar el ideal de la juventud, y que mi vida vuelva continuamente a reflorecer a través de la misma mirada, del mismo abrazo, de la misma visita que tuvo aquel día el publicano Mateo.
(PB)
octubre 26, 2011
El padre Alberto (a quien está dedicada nuestra escuelita, Pa’i Alberto), ahora vive en Ecuador y nos cuenta hechos y rostros que lo cambiaron en su misión… pensar que en 1986 salió de Italia enojado y con el corazón sangrante.
Hace 25 años, el 30 de septiembre del 1986, me encontraba en el aeropuerto de Milán: triste, cansado y angustiado. Me acuerdo que un amigo me regaló 600.000 liras (en esa época había liras y correspondía más o menos a 400 dólares de hoy). La compañía aérea con la cual viajaba de Milán era Lufthansa y me aplicó una multa; fueron exactamente 600.000 liras, todo lo que tenía. Me fui de mi tierra sin nada y con el corazón destrozado por mis limitaciones y pecados.
Pero mi salvación llegó desde la oscuridad de aquel día. Cuando viajaba y pensaba en el futuro, veía una muralla negra delante de mí; pero el Señor, como dice el salmo 125, “…al ir vas llorando y vuelves cantando…” Así fueron para mí los 13 años de permanencia en Paraguay.
Les quiero contar algunas cosas que en los últimos 25 años de mi vida he aprendido y quiero compartir con ustedes.
“El señor ha tenido piedad de tu nada”. Yo me he dado cuenta de la nada que soy, como dice San Pablo, “no hago el bien que quiero, hago el mal que no quiero”; y esto para mí es muy cierto. Cuántas veces he tenido que averiguar en las relaciones humanas que yo he hecho el mal que no quiero y también me he dado cuenta que soy un pobre pecador que no mejora con el tiempo, inclusive mientras más uno se vuelve anciano más aumentan los defectos.
Esta es mi triste realidad, pero esta es también la verdadera salvación ¿Por qué? Mi orgullo, que de verdad es alto, tuvo que doblegarse frente a los hechos de la vida y así uno tiene que pedir ayuda a los amigos; y este pedir hace reconocer que el Señor ha sido grande conmigo: ¡por eso estoy alegre!
Dos grandes figuras me han ayudado en la vida: la primera figura es la de mis padres, que me ayudaron al comienzo de mi vida. Mi padre con sus palabras, pero sobretodo con su ejemplo. Recuerdo su gesto de caridad que cumplía cada día ayudando un hogar de personas ancianas que él se iba a visitar, bajo cualquier circunstancia, siempre con su vieja bicicleta). Por su parte, mi mamá ha aceptado vivir sola los últimos años de su vida para darme la posibilidad de realizar mi vocación misionera. De esta forma él y mi mamá han marcado mi vida.
Y la otra figura entre es el Padre Aldo. Con el viví 10 años de mi permanencia en el Paraguay y de él aprendí muchas cosas de la vida sacerdotal que han marcado positivamente mi existencia. Como por ejemplo la regla de confesarse cada semana que ha ayudado y ayuda mi camino vocacional.
Finalmente, en estos últimos años de misión en el Ecuador he vivido mi vocación con el deseo de vivir siempre todo lo que he aprendido. Por eso aquí también tengo muchos amigos con los cuales puedo compartir mi vida y desarrollar mi camino.
El amor grande a Cristo en la vida determina el perdón de los pecados y la búsqueda cotidiana de personas para compartir este deseo que tenemos en el corazón. Gracias Señor porque Tú nos has hecho para ti y nuestro corazón permanecerá inquieto hasta que no descanse en ti. (San Agustín).
Padre Alberto Bertaccini
octubre 26, 2011
Ómnibus cargado de fin de semana, estaba ya oscureciendo en el Paraguay de los barrios aledaños, de la cachaca y la cerveza. Quién más, quién menos llevaba a cuestas sus pesares del día y de la semana (¡hace mucho que el domingo no es el primer día en que se celebra al Señor por todo, en el dominus dei!). Algunos pasajeros estaban intercambiando esos monosílabos distraídos que solemos llamar, caraduramente, “charla”; otros estaban hundidos en sus teléfonos celulares, ya con sus auriculares escuchando música, ya con sus dedos moviéndose con rapidez para tirar mensajes al universo cibernético; varios adultos, algunos niños y, en el fondo, el infaltable borracho bullanguero con dos o tres compinches que le daban aliento y temas para la burla y la risa. Mientras vencía el oleaje de apretujones, del mar de gente parada en el pasillo del ómnibus para lograr sentarme (gran privilegio en un colectivo lleno de fin de semana), en ese momento, comenzó el discurso. Que estábamos siendo tratados como sardinas y cerdos encerrados y que no había derecho; que el chofer y la empresa de ómnibus eran unos desalmados e ineptos por tratarnos así; que la culpa también era de Lugo, una decepción andante con dos patas, tal como todos los políticos, sin distinción de colores; que los paraguayos somos un desastre; y así sucesivamente seguían los gritos, en un lenguaje entorpecido por la rigidez de la lengua embriagada; de esa forma, despotricaba el borracho del fondo. Como yo estaba ahora más cerca del profeta en su desierto lleno de gente, no me quedaba otra que escucharlo. Me fijé en otros pasajeros y todo el mundo parecía acostumbrado a la locura de los fines de semana y no parecían darle mayor importancia. Dos sordos se comunicaban alegremente en lenguaje de señas. Un enamorado tenía el brazo alrededor de su amada, la única que tenía que ser protegida en caso de necesidad. Varias personas dormitaban. Y el borracho seguía: Que el problema del Paraguay éramos los paraguayos que a todo nos resignábamos sin más, que los entes públicos eran un contenedor de delincuentes corruptos, que ni la grandiosa Itaipú nos servía para levantar cabeza… Y levantando la cabeza, justamente, me fijé desde la ventanilla en el panorama dominguero de fuera. En cada una de la media docena de estaciones de servicio que pasamos en ese interín, había chicos y chicas totalmente alcoholizados, al lado de camionetas lujosas, con música a todo volumen, orinando en la calle, impúdicos y a la vez destrozados. Algunas familias trataban de hacerse sitio en una ciudad que les es agreste, desde todo punto de vista, sin diversión específica orientada al esparcimiento familiar, sin protecciones mínimas para salvaguardar la inocencia de los niños, sin seguridad, sin respeto. Por unos momentos, me lograba perder el discurso del borracho que, por lo que entendía, seguía su prédica haciendo la distinción entre la belleza de nuestro país y la imperdonable mediocridad de su gente… De repente, un breve silencio me dio la esperanza de que llegara a su destino el escandaloso. Pero los consiguientes ásperos gritos me dieron la certeza de que la cosa iba para largo todavía. Sin embargo, un detalle me hizo retomar la escucha del discurso: con una inspiración inusitada el borracho empezó a hablar de Dios. Que los hombres luego no podemos salvarnos solos, que la primera gran batalla es salvar al hombre de sí mismo, porque somos los hombres los que nos hacemos daño unos a otros, que el único que puede salvar a las familias del desastre se llamaba Jesucristo. “¿Vos creés en Jesucristo?”, pregunto a uno de sus jaleros y este tímidamente le respondió que sí. Entonces, un inesperado tono optimista cobró ánimo en la voz ronca del profeta y bufón del fondo del colectivo. Sensibilidad y sensiblería se unían en mi corazón con la misma velocidad, también hicieron eco en mí sus palabras. Me fijé en los pasajeros. El predicador borracho había logrado por unos minutos lo que sería la envidia de cualquier cursillista de parroquia: toda una “comunidad” estaba empezando a prestar atención a las palabras cada vez más emocionadas del borracho verborrágico, y ni siquiera sus amigotes lograban reavivar al bufón, pues el predicador había tomado por completo la personalidad del sufrido disertante. Que la certeza de la bondad de Dios y del sentido de la vida la teníamos en Cristo, el único salvador de las familias paraguayas… Y el convencimiento de sus palabras aumentaba con la disminución de su tono de voz… “Jesucristo, Él únicamente”, susurraba y me tocaba bajar en la esquina. Cuando descendía del colectivo, ya todo el mundo había vuelto a lo suyo, la “charla”, el vaivén de mensajes, el murmullo y la distracción. Sin embargo, me pareció que una cierta conmoción cundió en el ambiente por unos momentos y todo había cobrado como un cierto nuevo brillo, al menos para mí. Al bajar respiré hondo el aire fresco y me pregunté de dónde sería aquel hombre. “¿Dónde vivirá?” Creo que es lo que los discípulos preguntaron a Cristo cuando empezaron a despertar a la verdad CCL
septiembre 25, 2011
La amistad no es una creación o un descubrimiento humano, porque es la estructura misma del Ser Trinitario. Dios en su esencia es amistad. Una amistad eterna, siempre nueva y siempre antigua que une al Padre con el Hijo a través del Espíritu Santo. El Ser existe desde siempre como compañía. Por eso San Juan define a Dios como Amor. Por consiguiente, como afirma Santo Tomás de Aquino, siendo el amor “difusivum sui” (por su naturaleza necesita dilatarse) la compañía trinitaria se ha manifestado no sólo creando el cosmos, sino creando su autoconciencia que es el hombre.
Dios creando al hombre, como afirma el Génesis, a su imagen y semejanza, dilató su amistad trinitaria creando algo similar a Él y, al mismo tiempo, otra cosa de Él. La amistad entonces, ante todo, entre el varón y la mujer y después entre todos los hombres, es el fruto de la amistad trinitaria. Una amistad entre Dios y el hombre que hasta visiblemente, concretamente, el Génesis describe en la bucólica imagen de Dios que al atardecer se entretiene paseando y hablando con Adán y Eva en el Edén. El hombre, varón y mujer, por tanto, nace como compañía y no como soledad. Nadie puede afirmar de ser sólo porque en cada momento el hombre es creado, está hecho por Dios. La fórmula sintética de esta verdad es “Yo soy ahora, en este momento, Tú que me haces”.
Sólo cuando el hombre, cada uno de nosotros toma conciencia de su naturaleza divina y humana, de su relación con el Misterio en cada momento y dentro de cualquier circunstancia, no sólo no puede más concebirse solo sino que es capaz de relacionarse con los demás. No existe posibilidad que exista una compañía humana fuera de esta conciencia de sí como relación con el Infinito. La amistad humana nace donde existen personas cuyo rostro está tenso hacia el Infinito. Sin esta mirada no existe relación. Por eso Cristo se hizo carne, porque con el pecado original el hombre perdió su capacidad intrínseca, natural, de amar, quedándose sólo con el deseo.
Y las consecuencias del pecado original, de esta herida original, fruto de la libertad humana que rompió con Dios dando origen a aquella esquizofrenia del Yo por la cual hay una división profunda en el Yo entre sentimiento y tazón, ha sido no sólo la incapacidad del varón de relacionarse con su mujer (Adán que inculpa a Eva) sino de cualquier relación: Caín que mata a bel (destrucción de la familia), la torre de Babel (la imposibilidad de entendernos entre nosotros).
En esta situación humana no hay día de la amistad, no hay proclamas o voluntad que pueda devolver al hombre esta capacidad de gratuidad que define el contenido de cualquier relación humana. Así como Dios lo puso, la fiesta de la amistad no es y no será nunca una iniciativa humana, y no será ciertamente el 30 de julio lo que permitirá al mundo ser un lugar de amigos. Su origen, además del día de la creación, es el 25 de marzo cuando el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios después que el hombre le había dado la espalda no sólo no lo abandonó, porque Dios es fiel a su creatura, sino que le recupero como relación consigo y entre nosotros, enviando a su Hijo Jesús. Dios se hizo en Cristo compañía humana, se hizo amistad. Y desde aquel 25 de marzo el hombre puede aún ser capaz de relacionarse consigo mismo y con los demás. Cristo tanto amo al mundo, a cada uno, que no sólo se hizo compañía humana sino que quiso quedarse entre nosotros hasta el final del mundo en una compañía humana que es la Iglesia.
La amistad que nace de Cristo es el sacramento de Cristo. Por eso es también la posibilidad de relacionarnos entre nosotros. No existe más que sentimentalismo orgullosos vestido de miel sino está Cristo. Bastaría mirarnos también nosotros cristianos para ver cuán efímeras y sentimentales son nuestras amistades. Amistades que son también complicidad, un modo aparente y formal de tratarnos. Amistades en las cuales lo que vale es el temperamento, el sentimiento emotivo por el cual, no soportamos compartir la vida, la responsabilidad. Huimos de quienes decimos que son antipáticos.
Pensar que el mismo signo para que el mundo conozca a Cristo es nuestra amistad que nace mirando a la cara a Cristo: “Sean uno para que el mundo crea” afirmaba Jesús. No dijo “sean buenos, coherentes, no se enojen, cambien de temperamento, etc.”, sino “que sean uno”, “ámense los unos a los otros como Yo os he amado”, “reconocerán que son míos si os amáis unos a otros”. Y da también la medida de este amor. “no hay amor más grande de quien da la vida por sus amigos”. Y Él dio su vida para que vivamos como Él vivió y vive en el sacramento de la Iglesia. Vivir con esta conciencia significa experimentar que los amigos son aquellos que se preguntan continuamente lo que de más querido que tenés. Son aquellos que te ayudan a amar a Cristo, porque mirando a Cristo uno descubre la propia humanidad, el propio destino.
Giussani definía la amistad como “Una compañía guiada al destino”. Una compañía que tiene su inicio y su consistencia únicamente en el hecho que “el Verbo se hizo carne y habita entre nosotros” Por eso, sin Cristo existen solo pavadas, tentativas inútiles de querernos. Y la realidad la documenta: cada día más divorcios, la mujer como objeto de placer, el varón como dictador, aborto, eutanasia, cualquier forma de perversión sexual, violencia sin límites, etc., mientras todos hablan de amistad, de paz.
Pobre hombre ¿Cuándo tomaremos conciencia que sin Cristo, sin una experiencia auténtica de Cristo no podemos hacer nada. Lo ha dicho Jesús: “sin mí no podéis hacer nada”. Ni siquiera decir a una persona un tímido “Te amo”.
P. Aldo
septiembre 25, 2011
El domingo 24 de julio nuestros diarios salieron con las portadas dedicadas a la final de la copa América entre Uruguay y Paraguay. Ni una sola mención en las portadas a la inhumana situación de 500.000 niños que corren el riesgo de morir de hambre en Somalia, en el cuerno de África. Tampoco hubo alusión alguna a la matanza ocurrida en Noruega y mucho menos al posible suicidio de la ídolo de millones de jóvenes, la cantante inglesa Amy Winehouse.
Pero que a los diarios no les importe nada de las grandes tragedias humanas y pierdan la cabeza por una pelota – porque así le encanta a la gente que desde hace tiempo vive, como dirían los antiguos romanos, de “pan y juegos” -, no nos sorprende. Lo que nos entristece es la ausencia de los cristianos en dejarse provocar por estos hechos dolorosos. ¿Cuántos curas, por ejemplo, en su homilía del domingo 24 de julo han expresado un juicio, partiendo del evangelio del día, que contenía la respuesta al porqué de tanta desesperación, del porqué ni siquiera los sistemas económicos, políticos y sociales garantizan aquel bienestar personal y comunitario que nuestro corazón busca?
Además, ¿Quiénes, de los laicos cristianos comprometidos en los diferentes movimientos o grupos eclesiales se ha dejado provocar por la matanza de cerca de 100 personasen su gran mayoría jóvenes, o por el suicidio de Amy, intentado expresar un juicio? ¿De qué sirve ser cristiano con una fe ausente de la vida, incapaz de responder a los interrogantes que provoca la realidad? Si el cristianismo no juzga la vida, si el cristianismo no tiene nada que ver o decir con lo que la realidad nos interpela, personalmente no me interesa. Y tiene razón Nietzsche cuando “nos advertía que la muerte de Dios es perfectamente compatible con una religión burguesa. Él no pensó nunca que la religión tuviera que acabar. Cuando hablaba de la muerte de la religión, hablaba del fin de su capacidad de mover la mente, de despertar el Yo. No se trata de una religión como práctica, sino de su capacidad de despertar la esperanza. La religión se volvió un producto de consumo, una forma de entretenimiento, un consuelo para los débiles, una estación de servicio emotivo destinada a apagar algunas necesidades irracionales que la religión está en condiciones de satisfacer mejor que cualquier otra cosa. Aunque suene unilateral el diagnóstico, Nietzsche daba en el clavo”.
Y el teólogo ortodoxo Oliver Clement ha dicho que “la fortuna del marxismo ha sido haber encontrado un cristianismo ausente de la vida, medroso de la vida”. El cristianismo y el hombre caminan juntos, no existen separados. Personalmente me adherí al cristianismo con entusiasmo y pasión cuando encontré unos chicos del colegio que me desafiaron en los años 70 diciéndome: “profesor, no es con la huelga que se cambia el mundo, sino cambiando tu corazón, y tu corazón cambia si encuentra a Cristo”. Eran adolescentes que durante las horas de clase no aceptaban acríticamente mi enseñanza, en aquel entonces enfocada sobre las reductivas posturas educativas de Paulo Friere.
Ellos me cuestionaban todo lo que decía, discutían, verificaban la razón de la fe que habían encontrado dentro de todas las circunstancias de la vida. Eran adolescentes que desafiaban públicamente al mundo con su fe, juzgaban lo que acontecía. No eran los famosos, ayer y hoy, “cristianos anónimos”. Eran una presencia que no dejaba nada de lo que acontecía sin dar un juicio. A veces eran ingenuos, también podían equivocarse, sin embargo su presencia era bien visible. Y por eso se transformaron en el instrumento que Dios me puso para cambiar mi vida.
El silencio de nosotros los cristianos con referencia a los acontecimientos de estos días, la incapacidad y, lo que es peor, la insensibilidad documentada para nosotros cristianos en este momento en que mucho chicos se hacen y hacen un montón de preguntas, es la evidencia del formalismo de nuestra fe o, como decía el ex-nuncio apostólico en Paraguay, monseñor Lucibello, “la tropicalización de la fe, de los movimientos”. Es decir, una fe reducida a palabra, a sentimiento, sin ningún nexo con la realidad.
P. Aldo
septiembre 25, 2011
Querido Padre,
Tengo casi dieciséis años y te escribo porque necesito urgentemente de tus oraciones. Me dirijo a ti porque estoy segura que entenderás la situación.
Mi papá padece de depresiones, lo hemos descubierto hace dos años, y luego de meses de terrible sufrimiento al verlo angustiado, enfadado y con unas inmensas ganas de huir de casa. La depresión es debida al haber vivido una infancia y una juventud terrible: no ha sido querido nunca, ni siquiera por sus padres y hermanos. Luego de haber perdido a su padre a los 10 años, ha reprimido las lágrimas por un año. Deseaba estudiar, fue obligado a trabajar pero su madre desde los 12/13 años y le ha tomado todo su dinero sin dejarle ver un sólo centavo del fruto de su trabajo,… todo esto y sumado a su profunda sensibilidad y discreción, la gente siempre lo ha tenido por estúpido, y esto siempre le ha provocado mucho dolor. Minimizando los dolores físicos como las tres hernias de disco que ha padecido, la gota que desbordó el vaso ha sido el riesgo del desempleo, que comenzó en mayo del 2009, y que ahora se ve convertido en realidad.
Papá es un hombre bueno e inteligente y, gracias un poco a la serotonina prescrito por el médico, también un poco a sus deseos de curarse y sobre todo al Rosario que mamá reza todas las tardes conmigo y mis hermanos, el huracán se calmó: papá paró de estallar y fue a buscar la felicidad en el monstruo de social network de Facebock.
Pero ahora hemos descubierto que desde hace 5 meses va a los slot machines (maquinas tragamonedas). Allí ha perdido gran parte de su liquidación, 10 000 euros. Ciertamente, es catastrófico, y a raíz de ello nos hemos endeudado, porque mis dos hermanos y yo vamos a una escuela privada, y tenemos que pagar el alquiler cada mes. Mi mamá gana alrededor de l200 Euros al mes,… esto nos desequilibra,… pero lo que más nos ha asustado, es el hecho que papá quiso ganarse el millón, “apostar” por nuestro bien, salió a buscar la seguridad en el dinero y que el demonio lo ha tentado en su debilidad por todo esto tiempo y todavía lo intenta, porque si dejamos en sus manos 5 euros se los juega, y esto es el mismo demonio, ¡si, el demonio! Yo soy una chica que tiene fe, sin embargo cuando peco siento que es el demonio que me tienta… papá cree, pero a su modo. Su fe se ha debilitado desde hace unos 8 años, cree que fue olvidado por Dios, por lo vivido en su pasado y por las dificultades económicas. En ocasiones lo sorprendo exclamar: “¿mi Dios, mi Dios, por qué me has abandonado?”, o bien: “¡Yo y Tú tenemos que echar las cuentas, Tú me has sacado todo!” Otras veces en cambio, se conmueve delante de un Belén Viviente, o a una Cruz. Tiene dentro la mirada de un niño herido.
Un cura, amigo nuestro le ha dado como penitencia el confesarse e ir a un santuario mariano a asistir a la Santa Misa. De mala gana ha ido allí. Pero fue un gran paso, después de la Comunión lo he visto conmoverse. Nosotros lo hemos perdonado enseguida, aunque ha sido muy difícil. Ahora papá está de mal humor, tiene la cartera vacía y se siente controlado, atado, y no cae en los vicios por el hecho que nosotros manejamos el dinero. Está yendo junto a un sacerdote que asiste a los dependientes del alcohol y del juego. Él está asustado, y recurre a él, para así adquirir fortaleza y desea curarse, sobre todo por nosotros. Una vez él ha dicho en un encuentro: “los psicólogos no sirven, sirve la fe”. Papá ha ido a consultar a un sicólogo en muchas ocasiones, que no le han servido de nada, ya que lo puso sólo en apuros, lo puso contra mamá, que es la única que lo entiende de veras.
¿Pero la suya, es fe? ¿Recitamos nosotros el Rosario por su conversión?, a menudo me distraigo, pero ¿qué puedo hacer de más? ¿Dejar de pecar?, ¡imposible!, incluso ayunar para mí es difícil, ¿que penitencia puedo hacer para qué papá se cure? Yo le he pedido a la Virgen que el demonio intente conmigo y no con papá, pero este no sucede y quizás sea mejor porque no lograría resistir. En estos días me he percatado que papá es la persona a la que quiero sobre este mundo y verlo sufrir tanto me hace mal: ¡ha gastado una vida en dolor!!!
Cortésmente la suplico por un poco de consejo y muchas oraciones. Recuerda a él, a mi madre y nosotros sus hijos en tus oraciones.
Espero volverlo a ver un día
Gloria
P.D. He redescubierto la fe gracias a este período doloroso. He pensado: “Mejor una vida tranquila, Señor, pero entonces no sería Tuya.”